- Con 20 años revoluciona el olimpo de la media y amenaza la jerarquía del equipo
- Pep no quiere entrevistas en su primer año para que se gane las portadas en el campo
Pep Guardiola reaccionó levantando los brazos, feliz, espectacularmente alegre, cuando Thiago fabricó la mejor jugada de la Audi Cup escorándose a la izquierda del ataque y dirigiendo como un veterano al no menos joven Afelay para elaborar un golazo que rindió al Allianz Arena y confirmó que en el mejor Barça de todos los tiempos se suceden los episodios milagrosos. La irrupción de un fenómeno de sólo 20 años, recién salido del Barça B, capaz de garantizar la sucesión de Xavi y de anular la ansiedad estival en torno a Cesc.
El propio Xavi y otros pesos pesados del equipo se llevaron las manos a la cabeza y, con la mayor espontaneidad, expresaron con sus gestos una mezcla de asombro, admiración y complacencia. El equipo está por convertir a Thiago, midiendo los elogios, cuidando de su progresión y anulando cualquier riesgo de divismo precoz, en otro aspirante al Balón de Oro como Iniesta o como el propio Xavi. Buenas noticias.
Norma a la carrera
De momento, el club ha decidido cortar con las entrevistas personales, al menos durante su primer año de estancia en el primer equipo, una norma que Pep hubo de administrar el miércoles por la noche a la carrera, a la salida apresurada de Munich camino de Washington, consciente de que le toca, afortunadamente, afrontar la explosión de un futbolista con la clase de Xavi, la intuición de Iniesta, la personalidad ganadora de Messi y el gol que, por ejemplo, debería ser capaz de aportar, si llegara, el propio Cesc.
Thiago tendrá, pues, que ganarse las portadas con su fútbol de oro, de aparente estilo brasileño, bailado y adornadito quizás en la forma, pero de fondo y rendimiento absolutamente europeo y decididamente sellado en la Masia. No podrá, en cambio, conquistar cuotas de protagonismo mediático a base de declaraciones que, como su propio juego y en combinación con su carácter fuerte y demostrada altivez, podrían crearle los únicos problemas a los que un jugadorcomo él, tan bueno pero tan joven, pueden arruinarle la carrera. De rebote, tampoco el otro recién llegado, Fontàs, dará entrevistas hasta el próximo verano.
Guardiola, una vez más, se ha anticipado a la jugada, pero reaccionando, sorprendido incluso él, porque Thiago ha asumido un rol de crack mucho antes de lo que seguramente habría imaginado. "Tendrá minutos", decía hace una semana el entrenador cuando aún se especulaba con su situación en una medular de dioses. Tres partidos, contando el de Split, le han bastado para asaltar con sus goles el olimpo de las vacas más sagradas. La cuestión ahora es cómo quitarlo y armonizar tres puestos para cuatro fenómenos. "Hay partidos para todos", afirmó Pep al final de la Audi Cup, una modulación inteligente y readaptada de su propio discurso.
Guardando las distancias, recordó al Pep del verano de 2008 cuando empezó afirmando sobre Messi que "no quiero que lo resuelva todo" y a la semana siguiente admitía que "con Leo somos más fuertes". En el caso de Thiago no acabará, seguro, diciendo que es el "puto espectáculo" y "el mejor del mundo, por supuesto" como dice de Leo, pero sin duda encontrará la forma y los adjetivos idóneos.
No fueron los tres goles anotados en los dos partidos de Munich, dos llegando como un 'nueve' (uno con el pie, gustándose ante el Internacional y otro de cabeza) y un tercero, fabuloso, con una rosca magistral previa elaboración personal y muy 'made in Thiago', lo que le ha catapultado al primer plano, sino la exhibición de su personalidad ganadora, a esa descarada ambición de quien llega el último para ser el primero. Sin respetar a nadie. Nada se lo prohíbe excepto el control de su propio apetito. Diferenciar entre la gula y el hambre será la clave, bien porque su instinto le guíe sabiamente o porque entre todo el vestuario y los técnicos ajusten su potencia a la velocidad adecuada. Pasarse de revoluciones es el riesgo, pero es también su combustible, el quele hace carburar como un futbolista fuera de serie. Thiago va a lo suyo cuando se trata de ganar. Y eso no puede ser malo. En su propio temperamento, rebelde y atrevido, radica su diferencia.
viernes, 29 de julio de 2011
Explosión Thiago
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